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Policiales

Fallo histórico: condenan por torturas a 3 guardias

Golpearon y quemaron al joven Brian Núñez. Es la primera vez que agentes del Servicio Penitenciario Federal reciben sentencia por un caso ocurrido en democracia. A un cuarto oficial lo hallaron culpable de no denunciarlos.


Durante los últimos años, distintos miembros del Servicio Penitenciario Federal han sido condenados por delitos tan disímiles como llevar drogas en camiones oficiales, cometer violaciones, instalar desarmaderos de autos ilegales en ciertos penales y hasta por permitir que algunos internos salieran a robar y volvieran a dormir tras las rejas. Pero recién ayer se conoció la primera sentencia de la historia dictada contra guardias por torturas cometidas dentro de una cárcel federal durante la democracia.

 

El Tribunal Oral Federal N° 1 de San Martín –integrado por Héctor Sagretti, Marta Milloc y Diego Barroetaveña– condenó a los penitenciarios Juan Pablo Martínez (9 años y seis meses), Víctor Meza (8 años y 6 meses) y Roberto Cóceres (8 años y 6 meses) por torturas. Al guardia Juan José Mancel le dieron 2 años y medio en suspenso por no haber denunciado a sus compañeros. Y a otros tres –Ede Vallejos, Javier Andrada y Juan Moriñigo– los absolvieron.

 

La víctima de las torturas –ocurridas el 16 de julio de 2011– fue Brian Núñez (23), hoy detenido en el penal de Ezeiza. Le quedaron graves secuelas físicas y psicológicas: “No puedo dormir sólo de pensar que podrían entrar a mi celda cada noche”, le había contado a Clarín.

 

Liliana Valenzuela, su mamá, estaba satisfecha ayer tras el veredicto. “Estoy feliz por las condenas. Fue una lucha codo a codo que llevamos adelante con mi hijo. Fue una injusticia que me lo dejaran así, sentí una impotencia tan grande que me hizo fuerte para seguir adelante hasta hoy”, le dijo a Clarín. Ella fue quien denunció al Servicio Penitenciario Federal seis días después de las torturas, cuando pudo visitar a su hijo en la cárcel de Marcos Paz. Ni bien lo vio no lo reconoció, de tan golpeado que estaba: se movía en silla de ruedas, tal como tendría que hacer durante los siguientes 40 días.

 

A las dos semanas de la denuncia de su mamá, Brian por fin se atrevió a contar lo que había sufrido, y a señalar a los autores. Todo había comenzado con una protesta: los jóvenes alojados en el pabellón 8 (de entre 18 y 21 años) querían ver el partido entre Argentina y Uruguay por la Copa América 2011.

 

A Brian –preso por robos– lo sacaron de su celda. El guardia Juan Pablo Martínez le dio una piña en la cara, él se defendió y lo hirió. A partir de allí lo esposaron de pies y manos y lo llevaron al “cuarto de psicología”, donde le apagaron cigarrillos en el cuerpo y lo quemaron con un encendedor. También le pegaron con palos en las plantas de los pies, le saltaron encima y lo golpearon entre varios. Después lo ducharon con agua helada.

 

El camino al juicio no fue fácil. Días antes de que empezara, a Liliana la llamaron a su celular desde un número privado. Creyó que era su hijo, que marcaba desde la cárcel. Pero no: era una voz que le decía que, ni bien terminara el debate, “a Brian lo iban a ‘hacer pollo’ y lo esperarían en bandeja de plata y con cuchillo y cubiertos en su pabellón”. Desde ese día, la mujer se mueve con custodia.

 

Otro que denunció amenazas durante el juicio, y que presentó testigos que lo sostuvieron, es el guardia Ede Vallejos (absuelto ayer). Cuando lo golpearon a Brian, él se metió para que dejaran de pegarle. “¿Estás a favor de los chorros, vos?”, le habría dicho su colega Juan Pablo Martínez. “Callate porque se te termina la carrera penitenciaria”.

 

En el juicio, Vallejos contó de las amenazas verbales que recibió, del teléfono celular que le rompieron y de las veces que los penitenciarios fueron a su casa a amenazarlo delante de su familia. El fue quien presentó en la Justicia el verdadero libro de actas del pabellón 8 y así dejó en evidencia que los otros penitenciarios habían entregado uno falso, inventado por ellos.

 

La defensa de los acusados se basó en jurar que Brian se había autolesionado. Que se había roto los huesos de los pies por patear las rejas descalzo y que se había golpeado la cabeza contra la pared. En sus últimas palabras en el juicio, el guardia Juan Pablo Martínez declaró: “Al escuchar en este juzgado lo que decían de mí parecía que hablaban como si yo fuera el hijo de Hitler. Por suerte hubo peritos que demostraron lo contrario. La causa está armada por la Procuración Penitenciaria (el organismo que vela por los derechos de los presos, querellante en esta causa)”.

 

Justamente el procurador, Francisco Mugnolo, se mostraba ayer muy satisfecho con las condenas. “Se trata de algo histórico”, señaló. Y agregó: “Los distintos juzgados venían eludiendo la calificación de torturas y caratulaban las denuncias como ‘apremios’, por más informes médicos que presentáramos afirmando que se trataba de delitos más graves. Esas acciones fueron generando una mayor impunidad en los penitenciarios. Por eso hoy es un día histórico”.

 

Brian fue aún más elocuente: “Al final, después de la lluvia siempre termina saliendo el sol”.

 




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